Bad Bunny en el Super Bowl LX: Un manifiesto cultural y político

El escenario del Levi’s Stadium no solo fue testigo de un espectáculo musical sin precedentes durante el Super Bowl LX, sino de una declaración política y cultural que quedará grabada en la historia de la NFL. Bad Bunny, fiel a su esencia disruptiva, transformó el show de medio tiempo en una vitrina de orgullo latino, crítica social y una celebración del amor que trascendió lo deportivo.
Desde el primer segundo, la tensión social estuvo presente. El artista apareció encaramado en postes de luz, una referencia directa y contundente a la crisis energética que azota a su natal Puerto Rico. Lejos de la opulencia de las grandes casas de moda de lujo, Benito optó por un traje de Zara, manteniendo esa conexión con lo accesible y lo cotidiano que lo ha caracterizado en los eventos más importantes del planeta.

Una plataforma de denuncia y hermandad
La narrativa del show no escatimó en mensajes profundos. La aparición de Ricky Martin interpretando “Lo que le pasó a Hawái” sirvió como un himno contra la gentrificación, un tema que resuena con fuerza en el Caribe. Por su parte, la icónica “Casita” de su gira se instaló en el centro del campo, rodeada de figuras de talla mundial como Karol G, Cardi B, Jessica Alba, Young Miko y Pedro Pascal, reafirmando que el poder latino en Hollywood y la música es absoluto.
Uno de los momentos más impactantes de la noche fue la confirmación de los rumores: la boda fue real. La pareja decidió celebrar su unión en pleno espectáculo, convirtiendo un evento masivo en un momento íntimo y memorable que dejó atónitos a los millones de espectadores alrededor del mundo.

Respeto a los orígenes
Aunque las leyendas no pisaron el césped, Bad Bunny se aseguró de que el “reguetón de la mata” retumbara en el estadio. Los visuales y samples rindieron homenaje a Tego Calderón, Don Omar y Daddy Yankee, los pilares que pavimentaron el camino para que un artista hispanohablante liderara hoy el evento más grande de Estados Unidos.
El cierre fue una clase magistral de identidad. Entre imágenes de niños descansando en sillas y la recreación de la entrega de su Grammy, el mensaje en el Billboard del estadio fue claro: “La única cosa más poderosa que el odio es el amor”. Benito culminó con una poderosa reinterpretación del “God Bless America”, proyectando las banderas de todos los países del continente, recordándole al mundo que América no es solo un país, sino un territorio unido por su gente.
